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Uncategorized fairman on 16 Aug 2007 01:55 pm

SI NO ES DUENDE QUÉ SERÁ SEGUNDA PARTE

En efecto, como les contaba en mi post anterior, era una noche fría del invierno de 1975 en mi inmobiliario. Ya era la hora de dormir y las luces se apagaron cerca de la medianoche. El silencio invadió el receptáculo donde mi madre dormía con su primogénito en el costado. La litera que ella ocupaba en su primer piso colindaba con una de las paredes del cuarto, en el segundo piso de la litera se acurrucaba su hermana que para esas horas ya estaba en medio sueño. Por razones de seguridad mi madre antes de proceder a costarse había arrimado el camarote, pegándolo bien contra la pared del inmobiliario y para mayor seguridad había tapiado la escasa rendija con una hilera de almohadas. El frente de la cama estaba recubierto por una plancha de madera que se unía al segundo piso de la litera permitiendo que por detrás de la misma se enfilaran tres peldaños que servían para trepar hasta la mencionada parte alta de la litera. Por su parte el otro frente de la cama también colindaba con otra de las paredes del cuarto e igualmente fue ajustado contra la misma y rellenado con otras tantas almohadas. Mi madre me cuenta que después que hizo toda esa operación se dio cuenta que su hermana ni siquiera se había dado cuenta y seguía durmiendo con la boca abierta como era su costumbre. Satisfecha con la operación apagó la luz principal del cuarto y la oscuridad invadió casi en su totalidad el recinto, sólo quedó encendida la luz de la lámpara de la mesa de noche que se acomodaba sobre el costado exterior de la litera. En esos momentos procedió a depositarme sobre el fondo de su cama y ella se dispuso a mi costado terminando de cerrar la última frontera que quedaba libre, siempre pensando en una posible caída mía durante las horas de sueño. Se dio media vuelta y tiró de la cadenilla que hacía las veces de interruptor de la luz quedando ahora sí el cuarto totalmente a obscuras. Procedió entonces, a tientas, a enfundarse en la frazada, cuidando de no asfixiarme en la operación, y se hizo un ovillo buscando que brindarme su calor. Me cuenta que es una sensación muy hermosa dormirse acurrucado con su hijo y es así que a los pocos minutos cayó en brazos de Morfeo.

 

            Habrían pasado unas tres horas, según me cuenta, cuando uno de sus ciclos de sueño llegaba su final, entonces entre sueños hizo ademán de cambiar de posición, pero ese sentido inexplicable que tenemos todos aunque estemos a media vigilia, le hizo recordar que su pequeño hijo se encontraba a su costado y puso mucho cuidado en el operativo. Es así que tanteando con su mano busco su posición, izquierda nada, arriba nada, quizá este más abajo pensó, tanteó por ahí y nada, un primer sobresalto la puso en total vigilia nuevamente. Trató de penetrar la oscuridad afinando la vista pero no distinguía el pequeño tejido celeste que me cubría, volvió a tantear el espacio vacío de arriba abajo obteniendo el mismo resultado, no había nadie allí. Trató de incorporarse frenéticamente pensando que yo había rodado por los suelos ye en su atropellada maniobra se dio un topón contra la parte alta de la litera, según ella en ese momento ni sintió el golpe, y como una loca fue a encender la luz principal del cuarto que se encontraba tras de sí. Inmediatamente miró hacia el piso y no me halló. Fue ahí que realmente perdió los estribos y llamó desesperadamente a su madre que ante el bullicio acudió rápidamente a ver qué sucedía, todas las luces de la casa se encendieron y todos se agolparon al epicentro de los gritos, incluso mi tía que dormía como una roca en el mismo cuarto de los hechos se despertó sobresaltada. ¡No está mamá! ¡No está! Lloraba mi madre desconsoladamente e inmediatamente todos supieron lo que pasaba, el niño había desaparecido, no podía ser, si las medidas de seguridad fueron máximas. Algunos pensaron que me había caído pero no hubo ningún sonido, además inmediatamente hubiese seguido un llanto que despertase a todo el mundo en la casa. Cuando había pasado menos de un minuto, el menor de los hermanos de mi madre tuvo la feliz idea de agacharse y mirar por debajo de la cama, su talento fue recompensado y según sus palabras, me encontró durmiendo apaciblemente sobre el suelo. Me jaló con cuidado y me cargó depositándome luego en los brazos de mi madre que en esos momentos recobró su alma. Mi abuela mientras tanto se apresuraba a examinarme en busca de heridas o moretones producto de la supuesta caída, no encontraría nada. No hubo golpes, ni moretones, ni raspones y mucho menos caída. ¿Qué paso entonces? Hasta el día de hoy es un misterio pero según mi madre la teoría que cobró mayor fuerza hasta hoy fue la esbozada por su hermana, compañera de habitación. En esos momentos dijo: “Fue un duende que lo cargó un ratito y se olvidó de dejarlo en su sitio” rematando la frase con un rotundo “Ahora vuelvan todos a dormir” al tiempo que daba media vuelta y se volvía a acurrucar en el segundo piso de su litera.

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