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Uncategorized Susan on 23 Aug 2007 07:25 pm

PIEZA CLAVE DE LA CASA SEGUNDA PARTE

Como les venía contando en mi anterior post, me di cuenta de la real dimensión que tienen las empleadas del hogar y su tremenda importancia al interior del inmobiliario. La labor que realizan es inestimable, es una gran carga diaria la que tienen que soportar y estoy seguro que casi todos nosotros fracasaríamos en el intento de reemplazarlas. Yo puedo dar fe de eso porque padecí mucho cuando vi partir a Lidia de vacaciones. Ella era una muchacha muy trabajadora, se encargaba de las tareas domésticas con gran efectividad. Su rutina consistía en levantase a las seis de la mañana. A esa hora comenzaba a preparar el desayuno para la familia. Primero eran los niños de la casa, ellos debían desayunar pronto porque la movilidad escolar que los trasladaba al colegio era muy puntual y si no estaban listos pues simplemente se quedaban en casa, o peor aun, nosotros debíamos llevarlos a la escuela. Apenas quedaba listo el desayuno Lidia tenía que hacer honor a su nombre y lidiar con nuestros tres hijos para que se desperecen y se levanten para ir al colegio, tenía que afanar con cada uno de ellos para que se aseen y se vistan, ayudaba a peinar los largos cabellos de dos de mis hijas mientras reprendía a mi tercer hijo que trataba de sabotear su operación. Una vez listos los reunía a tomar desayuno. Para entonces ya los papas estábamos en pie y sentados en la mesa tomábamos desayuno rápidamente. Los chicos lo hacían más rápido porque en cualquier momento sonaba la bocina del bus que los trasladaría hasta su escuela. Inmediatamente Lidia tenía que preparar nuestro refrigerio y colocarlo en sus respectivos termos para ser trasladados hasta nuestros centros de trabajo, y no era cualquier cosa porque yo siempre me preocupe de las dietas, por tanto se tenía que ceñir a un menú que estaba publicado en la puerta del refrigerador de la cocina. A la par, la empelada del hogar debía colocar ropa limpia en un maletín porque terminando de trabajar me iba de frente al gimnasio.

 

            Una vez que se “deshacía” de nosotros lavaba los restos del desayuno y procedía al aseo de la casa que no era chica. Paralelamente a esto iba colocando ropa en la lavadora y tendiendo las que iban terminando de lavarse. A partir de las once de la mañana, hacía un alto en estas labores y procedía a preparar el almuerzo y la cena de la casa para ese día, si faltaba algún ingrediente debía salir a comprarlo. Para cuando los chicos llegaban de la escuela pasado el mediodía ya tenía el almuerzo listo y los atendía de la mejor manera. Ya en horas de la tarde continuaba con el aseo de los ambientes del inmobiliario que faltasen, planchaba las prendas de vestir que ya habían secado y se encargaba de regar los jardines de la casa. Mientras tanto no podía descuidar a los niños y su tentación de jugar entre ellos y ver televisión todo el día, debía conminarlos a que hicieran las tareas que les habían dejado en la escuela. Cuando ya iba cayendo la noche terminaba de acomodar las ropas en los closet y se disponía a servir la cena, en esos momentos llegábamos nosotros del trabajo y compartíamos la mesa con nuestros hijos. Ella esperaba a que termináramos y de nuevo lavaba los platos. Ahí recién terminaba su día y Lidia se disponía a ver su telenovela favorita como era de esperarse, luego desparecía rumbo a su habitación. Como ven, era un relojito.

 

            El problema fue cuando Lidia se fue de vacaciones. Hice que estas fechas coincidieran con mis vacaciones del trabajo pensando que yo podía encargarme de suplir su plaza de la mejor manera. Por supuesto que me equivoqué de medio a medio. Los tres niños me loqueaban, nunca pensé que fuese tan difícil. Ya antes me había sucedido cuando por alguna razón me quedaba en casa pero atribuí la situación a un engreimiento pasajero de los niños por tenerme ese día en casa. Como podía los hacía estudiar pero terminaba haciendo yo la tarea casi siempre. Ni que decir de las tareas domésticas, no terminaba de limpiar toda la casa, no encontraba varias cosas que necesitaba porque desconocía sus ubicaciones en el inmobiliario. Mi jardín se resintió y muchas áreas se secaron. Yo andaba de mal humor y así ese mes se me hizo largísimo hasta que Lidia al fin regresó a tomar las riendas del hogar otra vez. Tratemos bien a nuestras empeladas porque si se van…..

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