Uncategorized Susan on 27 Sep 2007 10:00 am
Mañana será otro día
Al llegar a mi casa, tras haber luchado todo el día con la mala suerte, esperaba que esta por fin se hubiese alejado de mí. Al menos por hoy, que quería poder descansar: meterme a la ducha con agua tibia para relajarme, y luego irme sin otra dirección que mi cama. Ni siquiera revisaría la correspondencia que había visto encima de la mesa al entrar a la casa. Todo eso me parecía tan tensionante. Desde ese anuncio de venta de un chalet, que a simple vista se veía muy acogedor, hasta la carta cerrada que decía “Leer urgente”. No le hice caso a ninguna de esas cosas y lo dejé de lado conforme iba dirigiéndome a tomar el baño. Después de que ya me sentía más relajado me eché en la cama, y prendí la televisión. Al parecer la ducha me había quitado de encima varios kilos de cansancio. Empecé por hacer sólo zapping, sin tener nada fijo para detenerme a ver. Hasta que me quedé enganchado con una buen película. Estaba actuando Jack Nicholson, y aunque no conocía a nadie más del resto de los que participaban en la historia, me quedé viendo, pues Nicholson es un actor que merece siempre ser visto en cualquier película, aunque los que lo rodeen sean malísimos. Él es genial.
De repente, en medio de la película me acordé de la carta que decía, “Leer urgente”. Me paré de la cama rápidamente y fui corriendo a traerla, tratando de no perderme ni un sólo momento de Jack Nicholson en la pantalla. Regresé de inmediato y mientras seguía con los ojos en el televisor, abrí la carta. Simplemente la rompí porque aún no tenía ánimos de seguir haciendo nada que fuese a significar que ya no pudiese descansar, y yo suponía que la carta me iba a llevar a alborotarme de inmediato y salir rápidamente hacia algún lado.
Ya tenía la carta abierta entre mis manos, pero no la veía. Seguía atento a la película, que ya estaba pronta a acabar. Lo supuse porque la trama se empezaba resolverse. Finalmente bajé los ojos y esperé leer cualquier cosa. Fue indignante encontrar lo que leí. “Lea urgente este anuncio, los precios más bajos jamás vistos, de inmuebles…, casas, pisos, chalets,…, venta, alquiler,…” Al parecer estaba adjunto a ese aviso de comprar un chalet que había visto antes, sólo que no había tenido tiempo de darme cuenta de ello. Me enojé más aún de lo que había estado casi todo el día. Por lo visto la mala suerte no había dejado de perseguirme, pues mientras guardaba mi furia, me desconcentré del televisor, y no pude ver el final. Qué rabia. Jamás me había pasado algo así. Ahora sí estaba seguro de que sería mejor dormir y despertar al día siguiente antes de seguir viviendo una tras otra las malas pasadas de la suerte tan terrible que hoy me había tocado vivir. Apagué todo, dejé los papeles en la mesa de cualquier modo, y me fui a la cama. No quería comprar ningún inmueble por ahora, y la película no terminé de verla. Que mal. Pero mañana será otro día.
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