Uncategorized Susan on 11 Dec 2007 09:32 am
La mala suerte de comprar un chalet en España
Lo peor que me ha podido pasar en estos últimos meses es haber comprado un chalet. Y no precisamente porque me haya significado un gran gasto, o porque se encuentre en malas condiciones. Me encantan las casas de madera, eso está claro y estoy muy feliz con ello. Ello se debió, principalmente, a que cuando se me presentó la oportunidad de aquel viaje, por medio del cual me iba a ir a vivir al extranjero, (pues contaba con una fuerte oportunidad de conseguir un buen trabajo en la compañía de un amigo de la universidad) no contaba con el dinero suficiente como para poder afrontar los gastos que requeriría el tener que trasladarme a otro país. Desde el pago del boleto, pasando por unos días de estadía, hasta que tuviera por fin la firma del contrato con mi amigo.
Si otra hubiera sido la suerte que me acompañaba por esas semanas, hubiera retrasado un poco más la compra del chalet, y en vez del inmueble hubiese tenido el viaje que anhelaba tanto. Sin embargo, como ya lo dije, no pude realizar mi sueño. Esa casa era muy bonita en realidad, y tenía muy buenos ambientes y decorados, además se adaptaba precisamente a las necesidades de mi familia, por lo que era, a simple vista, o mejor dicho, a la vista de cualquier otra persona, una compra justa y beneficiosa, debido a las características con las que contaba. Mas, para mí, representaba una perdida, pues no era más que un recuerdo constante de que había estado muy cerca de poder cumplir algo que había querido por años.
Como ya no me quedaba de otra, y tuve que quedarme en España, en el chalet que había comprado, decidí dedicarme a hacer varias remodelaciones, y variaciones en la casa, que me parecían necesarias. Además quería hacerlo para cambiarle un poco la apariencia a la casa que tanto me llevaba a recordar lo que había perdido. Pensé que si la cambiaba un poco, podría dejar de pensar tanto en ello. Por lo cual emprendí esa larga tarea de hacer los cambios. Empecé por pintar la parte frontal del inmueble, ya que el azul que tenía me hacía recordar cada vez que lo miraba, que hubiera podido cruzar el mar azul en un avión de no haber realizado la compra. De manera que lo pinté por un color verde intenso, que se mezclaba con la vegetación que rodeaba el lugar y que se parecía más a lo que siempre había visto en España, por lo cual , creía yo, me acostumbraría más rápido a la idea de vivir ahí por siempre.
Hubo otros cambios más que hice a la casa. Como pintar el cuarto de mis hijos, mover los muebles de la sala, varias veces, cambiar la iluminación de todo el inmueble, etc. Todo ello para quedarme satisfecho con lo que había pasado, y de esa manera no seguir recordando mi mala afortuna. Al fin y al cabo, esa era la casa en la que iba a vivir para siempre, por lo que debía empezar a acostumbrarme.
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