Uncategorized fairman on 14 Sep 2007 10:56 am
EN LA AZOTEA ESTA EL FACTOR SORPRESA
La gran mayoría de nosotros posee una azotea en su inmobiliario. Son pocos los inmuebles que no constan de estas, a veces, inaprovechadas áreas. Muchos “aprovechan” este ambiente para convertirlo en una suerte de amasijo o depósito de todo tipo de objetos inservibles o que al menos no se piensan utilizar en mucho tiempo. Esta práctica es poco provechosa puesto que estadísticamente es casi seguro que aquellos objetos que dejamos abandonados ahí, nunca más los utilicemos y en algunos años los terminemos arrojando a la basura o lo que es peor, tengamos que gastar contratando a un camión especial que se deshaga del desmonte acumulado por nosotros mismos. He visto todo tipo de azoteas, en unas he visto neumáticos apilados, los cuales ya se encontraban inservibles ya que su jebe había sido cuarteado al recibir directamente los rayos solares. También se ve siempre botellas de cerveza o de otras bebidas acumuladas y presas del polvo y de las telas de araña.. Otra cosa que se ve son toda clase de fierros que uno se termina preguntando a qué objeto o construcción pudieron pertenecer, y que ahora están en pésimo estado, oxidados y carcomidos por el paso del tiempo a la intemperie. Además se ven pedazos de tejas quebradas y polvorientas junto con sacos de tierra batida o incluso cemento, igualmente abandonados y por supuesto, las heces de paloma minando todo el terreno. El resultado es obvio y casi nadie frecuenta ese ambiente si no es para acumular más desmonte.
Sin embargo este no fue el caso del inmueble de un amigo que tuve la oportunidad de visitar en la época de la escuela. Había sido invitado a su cumpleaños en compañía de otros cinco chicos, los cuales éramos sus mejores amigos durantes los primeros años del colegio. Tendríamos ocho años aproximadamente y las celebraciones fueron programadas para dar comienzo a las cuatro de la tarde aproximadamente. Ese sábado fui a comprarle su regalo en compañía de mis padres y llegué temprano a la cita. Casi de inmediato el grupo se completó y la primera idea fue salir al parque que se levantaba en frente de su vivienda para echarnos un partidito de fútbol, allí hicimos u equipo y nos enfrentamos a otro bando que también llegaba al parque, el juego se extendió por más de una hora y extenuados volvimos a la casa de mi amigo Fernando, el dueño de la fiesta. Allí una buena merienda nos esperaba, sándwiches de pollo en miniatura, galletas de todo tipo y refresco a discreción además de las infaltables y sanas gelatinas y las siempre omnipresentes palomitas de maíz. Una vez que terminamos de devorar la mesa las luces se apagaron misteriosamente y hasta la mesa llegó una exquisita torta preparada por la madre de Fernando e iluminada por ocho velitas. El aroma era exquisito y se podía sentir el chantilly mezclándose con el chocolate, todo en penumbra y los rostros apenas iluminados por las cortas y delgadas velas. Los cánticos de rigor anunciando el cumpleaños de Fernando y su enérgico soplido ponían casi punto final a las celebraciones, y digo casi porque faltaba por venir la sorpresa mayor de la noche. Conoceríamos un nuevo mundo.
Después de la primera ración de torta, Fernando nos invitó a subir a su azotea a ver las estrellas de la noche. Nos pareció una idea bastante común pero la aceptamos, total ya no faltaba mucho para que el timbre de su inmobiliario empezara a sonar ya que nuestros padres nos recogerían en breves minutos. Al llegar a la azotea vimos que una discreta pero espaciosa caseta de madera se encontraba en uno de los extremos de la azotea y al ingresar a la misma nos dimos con una sorpresa que ha quedado grabada en mi memoria para siempre. Había dos telescopios con los que se podía observar de cerca varias de las estrellas que se amontonaban en el firmamento de aquella noche de sábado. Fue una experiencia increíble, algo nuevo para mí al menos y desde ese día empecé a vender aquella magnífica idea en mi propia casa.
Related Posts
- CÓMO REZAR EN CASA
- La vivienda como un problema social
- LOS ARISTOGATOS DEL CHALET
- Inmuebles del tercer tipo