Uncategorized fairman on 31 Aug 2007 02:39 pm
CÓMO REZAR EN CASA
Hay inmobiliarios de muchos tipos. A mis años ya he visto de todo o mejor dicho creí haber visto casi todo. Lo primero que uno conoce es el hospital, lógico, si uno acaba de nacer. Luego la siguiente edificación que se conoce es la propia casa, ahí uno se va desarrollando hasta que se pasa a la escuela. De ahí conocemos amigos y somos invitados a nuestra primera fiestita de cumpleaños, ahí conocemos una casa distinta a la propia y desconcertados paseamos por ella, luego caemos en el mundo de los juegos y nos terminamos de acostumbrar a ala nueva distribución. Así van pasando los años y vamos creciendo, ya estamos en la secundaria y las visitas a casas de nuestros compañeros ya no son sólo por diversión sino para realizar trabajos que nuestros maestros nos encomiendan también. Ahora ya tenemos más juicios de valor y nos toca conocer casas más bonitas que las nuestras. Nos toca de repente conocer la primera casa con piscina y quedamos fascinados, queremos una igual, pero no se puede. Luego, a punto de terminar la escuela, reparamos en las casas que tienen bares o jardines gigantescos, son cosas nuevas para nosotros o mejor dicho, áreas a las que ahora damos la debida importancia. Incluso por ahí aparece una casa que tiene un pequeño ambiente diseñado a modo de discoteca. Nada puede superar esto y fue lo más particular que vi. Aunque había una vez una casa que tenía cancha de frontón, propia y otra que tenía una cancha de fútbol para 8 personas, ah y una con una canchita de golf reducida.
De ahí en adelante nada me sorprendió. Fue hace poco que mi monotonía llegó a su fin. Tuve la oportunidad de conocer a una pareja en la reunión de padres de familia de la escuela de mi hijo, el motivo de tal reunión era la orientación en la conducta de nuestros hijos, consejos prácticos de cómo lograr esto, el fomento del deporte y esas cosas. Bueno, el hecho es que hice amistad con una pareja, padres de una compañera de mi hijo. No lo supimos hasta ese momento, pero resultó que éramos casi vecinos y la familia en cuestión tenía su inmobiliario a tan sólo cinco minutos a, pie, de distancia de mi hogar. Al finalizar la reunión nos fuimos a tomar un café a un establecimiento cercano y luego me invitaron a conocer su casa. Acepté de la mejor manera. Salimos en nuestros respectivos autos y lo seguí por el camino, no me podía perder porque era el camino a mi casa. Pasamos frente a mi casa y seguimos de largo, cinco esquinas más allá sobre paramos porque habíamos llegado al destino, estacionamos y bajamos de los autos. Fui cordialmente invitado a pasar y nada más entrar me topé con una sorpresa. Ante mi se abría un jardín bastante extenso y al fondo de él dos edificaciones muy bien delimitadas, independientes totalmente una de otra, sólo compartían el mencionado jardín. A mi derecha vi lo que sería la casa propiamente dicha y a mi izquierda la familia había edificado una mini capilla, obviamente éste era el atractivo, o mejor dicho, la curiosidad de la casa. Pasé a investigar por supuesto y, en efecto, se trataba de una mini capilla con dos naves de bancas de cinco filas cada una, el altar y algunas estatuillas de rigor, incluso los ventanales presentaban esos típicos vidrios ahumados de colores, la verdad sólo faltaba el órgano de madera y los personajes que dan vida a una misa. Nunca vi ni creo volver a ver nada similar. Ahora sí se puede decir que lo he visto todo.
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