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Monthly ArchiveDecember 2007



Uncategorized Susan on 24 Dec 2007

LOS ARISTOGATOS DEL CHALET

Hace poco, leí una noticia bastante curiosa que tenía como protagonista a la hija del afamado y finado cómico, Charles Chaplin. La nota periodística se refería a unas declaraciones de la hija menor de Chaplin, quien había afirmado que su padre se había reencarnado en un felino. En efecto, señalaba que un gato entraba todas las noches a su domicilio, probablemente un lujoso chalet como los que se pueden ver en las mejores ciudades españolas. Cuando el periodista le preguntó el por qué de esta rotunda información, la menor de los Chaplin indicó que ya antes había sucedido y que un gato llegó extrañamente hasta su poder y se quedó con ella hasta que murió de viejo. Posteriormente llegó otro gato sin que ella lo llame y se quedó bajo su custodia hasta que un buen día salió y nunca regresó. En la actualidad ha llegado hasta su inmueble un tercer gato. Al parecer se trata de un gato negro de hermosos pelaje y que se mete bajo su cama todas las noches. Curiosa noticia que me hizo recordar la vez que en mi casa sucedió lo mismo, no es que el gato fuera la reencarnación de algún familiar muerto sino que apreció de pronto en nuestras vidas y prácticamente por fuerza terminó conviviendo en nuestro chalet.

La historia sucedió hará cosa de veinte años, quien escribe apenas andaba en la primaria y fue principal protagonista de la historia y mayor responsable de que el felino en cuestión se quedara en casa como nuevo miembro de la familia. En efecto, corría el año 1984 y mi familia vivía en el chalet de Barcelona como una familia normal, sin mayores sorpresas. Mis padres trabajaban y yo me quedaba en casa con mi tía y con mi abuelita. Un buen día, empezaron a escucharse maullidos en el techo, parecía ser más de diez gatos, pero eran unos maullidos extraños, llegué a asustarme pensando que eran lobos o coyotes y mis padres se encargaron de tranquilizarme explicándome que de seguro una gata estaba en época de apareo y por eso muchos gatos la estaba cortejando con eso cánticos. Aproximadamente pasó una semana y los lastimeros maullidos desaparecieron de pronto. Habrán pasado dos meses y en el jardín de nuestra casa apareció un hermoso gato blanco de ojos verdes, en verdad era una gata pero de eso no me di cuenta hasta después, cuando le tocó alumbrar cuatro hermosas crías. La gata en cuestión, se mostraba muy dócil y se dejaba acariciar por quien escribe, esto me sorprendió pues conocía el arisco comportamiento de los gatos, máxime si se trataba de un gato callejero. No pensaba reclamar y, feliz, me hice con una nueva “amiga”. Para esto decidí guardar el secreto y no dije nada a mis parientes. A escondidas le llevaba leche y bastante comida, empecé a notar que cada vez se ponía más gorda pero más de un costado que de otro y recordé los maullidos de hacía dos meses y la explicación de mis padres. Era obvio, el alumbramiento estaba por venir y me afané en construirle un refugio en la azotea de mi inmueble. Lo hice en el cuarto de depósito, allí casi nadie entraba si no era una o dos veces al año, era el lugar ideal y así lo fue.

A la semana siguiente, nacieron los cuatro cachorritos, eran muy pequeñitos y me daba miedo cargarlos y lastimarlos en el proceso. Me contentaba con llevarle comida a mi amiga secreta y ver como los pequeños se amamantaban mientras su abnegada madre los lamía. Pronto se descubrió el escondite y mis padres me ayudaron, acondicionamos un pequeño refugio en nuestro patio principal y allí instalamos a la nueva familia. Sin embargo, una noche volvieron a escucharse los maullidos lastimeros, no hice caso y pensé que la historia se repetía con otra gata como protagonista. Al día siguiente me tocó aprender la segunda lección acerca de la vida de los gatos. Los machos mataban a las crías que no eran suyas. En una trifulca murieron dos de los cuatro cachorritos, la madre sólo pudo poner a dos pequeños a buen recaudo. Fue una lección bastante dura la que me tocó aprender y tardé en recuperarme.

Uncategorized Susan on 11 Dec 2007

La mala suerte de comprar un chalet en España

Lo peor que me ha podido pasar en estos últimos meses es haber comprado un chalet. Y no precisamente porque me haya significado un gran gasto, o porque se encuentre en malas condiciones. Me encantan las casas de madera, eso está claro y estoy muy feliz con ello. Ello se debió, principalmente, a que cuando se me presentó la oportunidad de aquel viaje, por medio del cual me iba a ir a vivir al extranjero, (pues contaba con una fuerte oportunidad de conseguir un buen trabajo en la compañía de un amigo de la universidad) no contaba con el dinero suficiente como para poder afrontar los gastos que requeriría el tener que trasladarme a otro país. Desde el pago del boleto, pasando por unos días de estadía, hasta que tuviera por fin la firma del contrato con mi amigo.

Si otra hubiera sido la suerte que me acompañaba por esas semanas, hubiera retrasado un poco más la compra del chalet, y en vez del inmueble hubiese tenido el viaje que anhelaba tanto. Sin embargo, como ya lo dije, no pude realizar mi sueño. Esa casa era muy bonita en realidad, y tenía muy buenos ambientes y decorados, además se adaptaba precisamente a las necesidades de mi familia, por lo que era, a simple vista, o mejor dicho, a la vista de cualquier otra persona, una compra justa y beneficiosa, debido a las características con las que contaba. Mas, para mí, representaba una perdida, pues no era más que un recuerdo constante de que había estado muy cerca de poder cumplir algo que había querido por años.

Como ya no me quedaba de otra, y tuve que quedarme en España, en el chalet que había comprado, decidí dedicarme a hacer varias remodelaciones, y variaciones en la casa, que me parecían necesarias. Además quería hacerlo para cambiarle un poco la apariencia a la casa que tanto me llevaba a recordar lo que había perdido. Pensé que si la cambiaba un poco, podría dejar de pensar tanto en ello. Por lo cual emprendí esa larga tarea de hacer los cambios. Empecé por pintar la parte frontal del inmueble, ya que el azul que tenía me hacía recordar cada vez que lo miraba, que hubiera podido cruzar el mar azul en un avión de no haber realizado la compra. De manera que lo pinté por un color verde intenso, que se mezclaba con la vegetación que rodeaba el lugar y que se parecía más a lo que siempre había visto en España, por lo cual , creía yo, me acostumbraría más rápido a la idea de vivir ahí por siempre.

Hubo otros cambios más que hice a la casa. Como pintar el cuarto de mis hijos, mover los muebles de la sala, varias veces, cambiar la iluminación de todo el inmueble, etc. Todo ello para quedarme satisfecho con lo que había pasado, y de esa manera no seguir recordando mi mala afortuna. Al fin y al cabo, esa era la casa en la que iba a vivir para siempre, por lo que debía empezar a acostumbrarme.