Monthly ArchiveAugust 2007
Uncategorized fairman on 31 Aug 2007
CÓMO REZAR EN CASA
Hay inmobiliarios de muchos tipos. A mis años ya he visto de todo o mejor dicho creí haber visto casi todo. Lo primero que uno conoce es el hospital, lógico, si uno acaba de nacer. Luego la siguiente edificación que se conoce es la propia casa, ahí uno se va desarrollando hasta que se pasa a la escuela. De ahí conocemos amigos y somos invitados a nuestra primera fiestita de cumpleaños, ahí conocemos una casa distinta a la propia y desconcertados paseamos por ella, luego caemos en el mundo de los juegos y nos terminamos de acostumbrar a ala nueva distribución. Así van pasando los años y vamos creciendo, ya estamos en la secundaria y las visitas a casas de nuestros compañeros ya no son sólo por diversión sino para realizar trabajos que nuestros maestros nos encomiendan también. Ahora ya tenemos más juicios de valor y nos toca conocer casas más bonitas que las nuestras. Nos toca de repente conocer la primera casa con piscina y quedamos fascinados, queremos una igual, pero no se puede. Luego, a punto de terminar la escuela, reparamos en las casas que tienen bares o jardines gigantescos, son cosas nuevas para nosotros o mejor dicho, áreas a las que ahora damos la debida importancia. Incluso por ahí aparece una casa que tiene un pequeño ambiente diseñado a modo de discoteca. Nada puede superar esto y fue lo más particular que vi. Aunque había una vez una casa que tenía cancha de frontón, propia y otra que tenía una cancha de fútbol para 8 personas, ah y una con una canchita de golf reducida.
De ahí en adelante nada me sorprendió. Fue hace poco que mi monotonía llegó a su fin. Tuve la oportunidad de conocer a una pareja en la reunión de padres de familia de la escuela de mi hijo, el motivo de tal reunión era la orientación en la conducta de nuestros hijos, consejos prácticos de cómo lograr esto, el fomento del deporte y esas cosas. Bueno, el hecho es que hice amistad con una pareja, padres de una compañera de mi hijo. No lo supimos hasta ese momento, pero resultó que éramos casi vecinos y la familia en cuestión tenía su inmobiliario a tan sólo cinco minutos a, pie, de distancia de mi hogar. Al finalizar la reunión nos fuimos a tomar un café a un establecimiento cercano y luego me invitaron a conocer su casa. Acepté de la mejor manera. Salimos en nuestros respectivos autos y lo seguí por el camino, no me podía perder porque era el camino a mi casa. Pasamos frente a mi casa y seguimos de largo, cinco esquinas más allá sobre paramos porque habíamos llegado al destino, estacionamos y bajamos de los autos. Fui cordialmente invitado a pasar y nada más entrar me topé con una sorpresa. Ante mi se abría un jardín bastante extenso y al fondo de él dos edificaciones muy bien delimitadas, independientes totalmente una de otra, sólo compartían el mencionado jardín. A mi derecha vi lo que sería la casa propiamente dicha y a mi izquierda la familia había edificado una mini capilla, obviamente éste era el atractivo, o mejor dicho, la curiosidad de la casa. Pasé a investigar por supuesto y, en efecto, se trataba de una mini capilla con dos naves de bancas de cinco filas cada una, el altar y algunas estatuillas de rigor, incluso los ventanales presentaban esos típicos vidrios ahumados de colores, la verdad sólo faltaba el órgano de madera y los personajes que dan vida a una misa. Nunca vi ni creo volver a ver nada similar. Ahora sí se puede decir que lo he visto todo.
Uncategorized fairman on 30 Aug 2007
LA SECRETARIA DEL GENERAL
Cuando uno es joven casi no hay preocupaciones. La seguridad que nos brinda nuestro inmobiliario y su entorno son únicas. Ahí hemos crecido jugando en la sala de la casa, rompiendo más de un adorno con su respectiva reprimenda, hemos desecho el jardín y los arreglos florales del inmueble cuando de niños correteábamos despreocupadamente por ahí. Nuestros días transcurrían felices en las vacaciones, luego la escuela no estaba del todo mal y siempre nos quedaban los fines de semana para jugar en casa. Cuando vamos creciendo y dejando atrás la niñez empezamos a dar nuestras primeras salidas, primero lo típico es ir a dar alguitas vueltas al centro comercial, quizá entrar al cine y ver las películas de estreno o simplemente ir a comer algo por sus instalaciones, pero la constante es la misma, debemos esperar a que nuestros padres nos recojan, con suerte y la ida la hagamos solos, pero el regreso de ninguna manera. Ya es de noche y hacemos la llamada para que nos lleven a casa de vuelta. La vergüenza ha nacido y cada vez encajamos peor estas acompañaditas. Y el tiempo sigue adelante, ya no somos solo un grupo de chicos, ahora empezamos a querer salir con chicas y muy probablemente solos en pareja, ya no podemos permitir que nuestros padres nos recojan pero ellos tienen un as bajo la manga. De acuerdo, nos dicen, entonces que te recoja tu hermano, no está tan mal la idea pero a veces tu hermano no encaja de la mejor manera el tener que estar pendiente de ti, ahora es él quien debe rendir cuentas. Y así uno va entrando en la adolescencia. A estas alturas ya no es posible que nadie te recoja, debemos actuar por nuestra cuenta y durante poco más de un año nos sentimos dueños del mundo, nuestros padres han cedido posiciones y nos adjudicamos el control. Tenemos una cierta hora de llegada, eso sí, pero hasta cierto punto nos gobernamos solos, los miedos y las inseguridades se terminaron y ahora todo es claro, un nuevo ser ha surgido de entre los escombros de la sobre protección. Pero esa imagen se verá opacada por un fantasma que se acerca a pasos agigantados.
Han pasado ya varios meses de nuestro reinado y las primeras noticias llegan hasta nuestros oídos, existe algo que se llama el servicio militar obligatorio. Hay un buen margen de probabilidad de salir sorteados, en cuyo caso, debemos pasar un buen tiempo acuartelados, todos debemos pasar por este compás de espera. Las noches ya no son las mismas, no se concilia el sueño con facilidad, los amigos de mi hermano se encargan de ahondar mi pesadilla contándome toda clase de historias de la vida castrense. Escuchaba cosas como que podía morir en una de las prácticas de tiro o que quizá una dinamita me estalle entre las manos o que uno de los ejercicios más comunes consistía en atravesar un campo minado con los ojos vendados. Capítulo aparte eran los llamados “bautizos” cuando uno recién hace su ingreso a la escuela militar. Las promociones mayores abusan de uno y lo obligan a lavar sus prendas y lustrarles el calzado, en fin una serie de humillaciones y vejámenes. El día llegó y mis miedos se cristalizaron. Fui hasta la base militar que me correspondía y las rodillas me flaqueaban, pregunté por dónde tenía que revisar si había salido sorteado, me indicaron que debía cruzar un largo pasadizo y encontraría un panel con los nombres en cuestión. Así lo hice y en el camino por una de las ventanas vi a uno de los reclutas que estaba haciendo lagartijas sobre sus nudillos. Pensé que los ejercicios eran así y no tenía nadad de malo pero no paraba, conté más de 35 lagartijas y seguía, a su costado otro hombre, mas viejo, lo increpaba, el soldado se fue apagando poco a poco y cayo rendido con la cara de costado sobre el pavimento mientras su superior le ponía la bota derecha sobre la otra mejilla y le daba un par de macaneos en la espalda. Ahí quedé sembrado, con la boca y los ojos muy abiertos ¿Qué demonios era todo eso, ese lugar? Cuando me pude reponer avancé hasta la temida lista, era un panel grande con muchas hojas pegadas dentro de él, el orden alfabético me hizo saltar hasta la letra M correspondiente a mi apellido Macedo, Martínez, Méndez, Meléndez, Mista, ¡Morante! Dios santo, mi apellido estaba allí. Un momento, había tres Morantes. Me di media vuelta, no quise corroborar, eran tres opciones con una bomba dentro de una de ellas.
Una señorita, uniformada, pasaba por ahí y la reclamé, le dije que por favor me leyera los nombres correspondientes al apellido Morante de la lista. No se qué cara tendría que la señorita depositó su mano derecha sobre mi hombro izquierdo y me dijo que me tranquilizara, luego se acercó al funesto panel y procedió a alzar la guillotina. Morante Caviedes José Manuel, Morante López Antonio, Morante Rodríguez Víctor. Maldita sea, ahí estaba mi nombre, era el segundo de la lista. Estaba perdido. Ahí mismo me vine abajo. ¿Qué iba a hacer? Y sentí que la presión descendió, me puse pálido y empecé a sudar frío. La señorita me dijo que la acompañara, me hizo pasar a una oficina y me pidió que me sentara, se alejó y a los pocos segundos regresó con un vaso de agua, arrimo una silla y se sentó a mi costado. Me explicó que la vida militar no es anda del otro mundo y que no tenga miedo, yo le dije que eso no era para mí y no lo iba a hacer bien. Sonrió y me dijo que no me preocupara y me dio una tarjeta con su nombre, indicándome que le dijera a mis padres que se comunicaran con ella a la brevedad posible. Ya de camino a casa pensé en no regresar más, romper la tarjeta y fugar de casa, me podría ir a un pueblo lejano y perderme en algún caserío, tenía algunos ahorros y una que otra habilidad a cuestas. Me faltó valor y terminé haciendo lo que me indicaron. Supuse que mis padres coordinarían con la señorita del cuartel mi ingreso al mismo. Al día siguiente, luego de una noche de insomnio, mi padre me dijo que todo estaba arreglado, que primicia pensé. No iría al ejército, había tenido la suerte de caerle bien a la secretaria del general del cuartel. El destino me había echado una mano.
Uncategorized Susan on 23 Aug 2007
PIEZA CLAVE DE LA CASA SEGUNDA PARTE
Como les venía contando en mi anterior post, me di cuenta de la real dimensión que tienen las empleadas del hogar y su tremenda importancia al interior del inmobiliario. La labor que realizan es inestimable, es una gran carga diaria la que tienen que soportar y estoy seguro que casi todos nosotros fracasaríamos en el intento de reemplazarlas. Yo puedo dar fe de eso porque padecí mucho cuando vi partir a Lidia de vacaciones. Ella era una muchacha muy trabajadora, se encargaba de las tareas domésticas con gran efectividad. Su rutina consistía en levantase a las seis de la mañana. A esa hora comenzaba a preparar el desayuno para la familia. Primero eran los niños de la casa, ellos debían desayunar pronto porque la movilidad escolar que los trasladaba al colegio era muy puntual y si no estaban listos pues simplemente se quedaban en casa, o peor aun, nosotros debíamos llevarlos a la escuela. Apenas quedaba listo el desayuno Lidia tenía que hacer honor a su nombre y lidiar con nuestros tres hijos para que se desperecen y se levanten para ir al colegio, tenía que afanar con cada uno de ellos para que se aseen y se vistan, ayudaba a peinar los largos cabellos de dos de mis hijas mientras reprendía a mi tercer hijo que trataba de sabotear su operación. Una vez listos los reunía a tomar desayuno. Para entonces ya los papas estábamos en pie y sentados en la mesa tomábamos desayuno rápidamente. Los chicos lo hacían más rápido porque en cualquier momento sonaba la bocina del bus que los trasladaría hasta su escuela. Inmediatamente Lidia tenía que preparar nuestro refrigerio y colocarlo en sus respectivos termos para ser trasladados hasta nuestros centros de trabajo, y no era cualquier cosa porque yo siempre me preocupe de las dietas, por tanto se tenía que ceñir a un menú que estaba publicado en la puerta del refrigerador de la cocina. A la par, la empelada del hogar debía colocar ropa limpia en un maletín porque terminando de trabajar me iba de frente al gimnasio.
Una vez que se “deshacía” de nosotros lavaba los restos del desayuno y procedía al aseo de la casa que no era chica. Paralelamente a esto iba colocando ropa en la lavadora y tendiendo las que iban terminando de lavarse. A partir de las once de la mañana, hacía un alto en estas labores y procedía a preparar el almuerzo y la cena de la casa para ese día, si faltaba algún ingrediente debía salir a comprarlo. Para cuando los chicos llegaban de la escuela pasado el mediodía ya tenía el almuerzo listo y los atendía de la mejor manera. Ya en horas de la tarde continuaba con el aseo de los ambientes del inmobiliario que faltasen, planchaba las prendas de vestir que ya habían secado y se encargaba de regar los jardines de la casa. Mientras tanto no podía descuidar a los niños y su tentación de jugar entre ellos y ver televisión todo el día, debía conminarlos a que hicieran las tareas que les habían dejado en la escuela. Cuando ya iba cayendo la noche terminaba de acomodar las ropas en los closet y se disponía a servir la cena, en esos momentos llegábamos nosotros del trabajo y compartíamos la mesa con nuestros hijos. Ella esperaba a que termináramos y de nuevo lavaba los platos. Ahí recién terminaba su día y Lidia se disponía a ver su telenovela favorita como era de esperarse, luego desparecía rumbo a su habitación. Como ven, era un relojito.
El problema fue cuando Lidia se fue de vacaciones. Hice que estas fechas coincidieran con mis vacaciones del trabajo pensando que yo podía encargarme de suplir su plaza de la mejor manera. Por supuesto que me equivoqué de medio a medio. Los tres niños me loqueaban, nunca pensé que fuese tan difícil. Ya antes me había sucedido cuando por alguna razón me quedaba en casa pero atribuí la situación a un engreimiento pasajero de los niños por tenerme ese día en casa. Como podía los hacía estudiar pero terminaba haciendo yo la tarea casi siempre. Ni que decir de las tareas domésticas, no terminaba de limpiar toda la casa, no encontraba varias cosas que necesitaba porque desconocía sus ubicaciones en el inmobiliario. Mi jardín se resintió y muchas áreas se secaron. Yo andaba de mal humor y así ese mes se me hizo largísimo hasta que Lidia al fin regresó a tomar las riendas del hogar otra vez. Tratemos bien a nuestras empeladas porque si se van…..
Uncategorized Susan on 16 Aug 2007
Los chalets y su encanto
¿Qué de particular tiene un chalet para que pueda ser adquirido y deseado como vivienda por hombres, mujeres y, hasta, familias enteras?
Existen casas lujosas y muy grandes, departamentos cómodos y varios inmuebles que podrían ser perfectos para vivir solos, con una pareja o con toda la familia.
Sin embargo, ¿Qué puede llamar la atención de una persona para adquirir este tipo de moradas? O, en todo caso ¿Qué la diferencia de las demás?
Particularmente me imagino una pequeña casa, con techo tipo “^”, bastante familiar, algo campechana, con chimenea y amoblada con muebles de madera bastante rustica.
Es conocido este tipo de casas en las zonas residenciales más lujosas de cualquier ciudad del mundo pero también se pueden encontrar en formatos distintos y variados en la clase media.
La principal característica de un chalet es que su ubicación se da en el campo. Lo cierto era que las personas buscaban un lugar acogedor para alejarse de la ciudad y descansar de la rutina.
Se puede decir que se convirtió en un gran producto para el rubro pues no había personas que se resistiera tener a la mano un lugar como este.
El caso es que la visión de negocios que tienen los encargados y responsables en la compra y venta de inmuebles es sorprendente e hicieron que estos lugares, ubicados originalmente en el campo y teniendo como principal virtud estar rodeado de toda la naturaleza, se construyeran en la ciudad, o en todo caso, muy cerca de ella, en algún lugar desolado que pueda asemejarse a la naturaleza. De tal forma que podrían salir con una oferta muy tentadora basada en adquirir un chalet que se encuentra a unos pocos minutos de la ciudad. ¿Buena idea no?
Pocas personas podrían imaginar que este tipo de casas se basaron en modelos de chozas de pastores. A pesar de ellos, ahora se pueden encontrar chalets en las playas o en zonas de heladas donde se practican deportes de invierno.
El hecho es que este tipo de vivienda contrasta considerablemente con las casas y departamentos de la ciudad y es, precisamente, eso lo que la hace más interesante.
Otro sector que hizo uso adecuado del éxito de este tipo de viviendas, aparte del inmobiliario, fue el Turismo. Es conocido que existen hoteles que, contrarrestando con sus formatos originales, construyeron chalets como pequeñas casas de campo separadas entre si, el caso es que tienen todas las comodidades de un habitación común y corriente de la ciudad pero acompañada de la naturaleza.
El mismo termino chalet proviene de Suiza, pequeño país europeo, y de regiones tipo Alpinas. Pero, ahora, se puede encontrar una gran variedad de chalets, en cualquier región del mundo (tanto ciudad como campo), bajo cualquier clima y a todo tipo de precio.
Sucede que el hombre ve en ella la perfecta vivienda que lo traslade imaginariamente a la naturaleza por lo rustico de su estilo.
Bajo ese mismo principio, no esta nada mal pues que el hombre busque encontrarse un poco consigo mismo, aunque esta a veces surgiera en lugares en los que aparentemente no podría estar, pero eso es solo aparentemente.
Uncategorized fairman on 16 Aug 2007
SI NO ES DUENDE QUÉ SERÁ SEGUNDA PARTE
En efecto, como les contaba en mi post anterior, era una noche fría del invierno de 1975 en mi inmobiliario. Ya era la hora de dormir y las luces se apagaron cerca de la medianoche. El silencio invadió el receptáculo donde mi madre dormía con su primogénito en el costado. La litera que ella ocupaba en su primer piso colindaba con una de las paredes del cuarto, en el segundo piso de la litera se acurrucaba su hermana que para esas horas ya estaba en medio sueño. Por razones de seguridad mi madre antes de proceder a costarse había arrimado el camarote, pegándolo bien contra la pared del inmobiliario y para mayor seguridad había tapiado la escasa rendija con una hilera de almohadas. El frente de la cama estaba recubierto por una plancha de madera que se unía al segundo piso de la litera permitiendo que por detrás de la misma se enfilaran tres peldaños que servían para trepar hasta la mencionada parte alta de la litera. Por su parte el otro frente de la cama también colindaba con otra de las paredes del cuarto e igualmente fue ajustado contra la misma y rellenado con otras tantas almohadas. Mi madre me cuenta que después que hizo toda esa operación se dio cuenta que su hermana ni siquiera se había dado cuenta y seguía durmiendo con la boca abierta como era su costumbre. Satisfecha con la operación apagó la luz principal del cuarto y la oscuridad invadió casi en su totalidad el recinto, sólo quedó encendida la luz de la lámpara de la mesa de noche que se acomodaba sobre el costado exterior de la litera. En esos momentos procedió a depositarme sobre el fondo de su cama y ella se dispuso a mi costado terminando de cerrar la última frontera que quedaba libre, siempre pensando en una posible caída mía durante las horas de sueño. Se dio media vuelta y tiró de la cadenilla que hacía las veces de interruptor de la luz quedando ahora sí el cuarto totalmente a obscuras. Procedió entonces, a tientas, a enfundarse en la frazada, cuidando de no asfixiarme en la operación, y se hizo un ovillo buscando que brindarme su calor. Me cuenta que es una sensación muy hermosa dormirse acurrucado con su hijo y es así que a los pocos minutos cayó en brazos de Morfeo.
Habrían pasado unas tres horas, según me cuenta, cuando uno de sus ciclos de sueño llegaba su final, entonces entre sueños hizo ademán de cambiar de posición, pero ese sentido inexplicable que tenemos todos aunque estemos a media vigilia, le hizo recordar que su pequeño hijo se encontraba a su costado y puso mucho cuidado en el operativo. Es así que tanteando con su mano busco su posición, izquierda nada, arriba nada, quizá este más abajo pensó, tanteó por ahí y nada, un primer sobresalto la puso en total vigilia nuevamente. Trató de penetrar la oscuridad afinando la vista pero no distinguía el pequeño tejido celeste que me cubría, volvió a tantear el espacio vacío de arriba abajo obteniendo el mismo resultado, no había nadie allí. Trató de incorporarse frenéticamente pensando que yo había rodado por los suelos ye en su atropellada maniobra se dio un topón contra la parte alta de la litera, según ella en ese momento ni sintió el golpe, y como una loca fue a encender la luz principal del cuarto que se encontraba tras de sí. Inmediatamente miró hacia el piso y no me halló. Fue ahí que realmente perdió los estribos y llamó desesperadamente a su madre que ante el bullicio acudió rápidamente a ver qué sucedía, todas las luces de la casa se encendieron y todos se agolparon al epicentro de los gritos, incluso mi tía que dormía como una roca en el mismo cuarto de los hechos se despertó sobresaltada. ¡No está mamá! ¡No está! Lloraba mi madre desconsoladamente e inmediatamente todos supieron lo que pasaba, el niño había desaparecido, no podía ser, si las medidas de seguridad fueron máximas. Algunos pensaron que me había caído pero no hubo ningún sonido, además inmediatamente hubiese seguido un llanto que despertase a todo el mundo en la casa. Cuando había pasado menos de un minuto, el menor de los hermanos de mi madre tuvo la feliz idea de agacharse y mirar por debajo de la cama, su talento fue recompensado y según sus palabras, me encontró durmiendo apaciblemente sobre el suelo. Me jaló con cuidado y me cargó depositándome luego en los brazos de mi madre que en esos momentos recobró su alma. Mi abuela mientras tanto se apresuraba a examinarme en busca de heridas o moretones producto de la supuesta caída, no encontraría nada. No hubo golpes, ni moretones, ni raspones y mucho menos caída. ¿Qué paso entonces? Hasta el día de hoy es un misterio pero según mi madre la teoría que cobró mayor fuerza hasta hoy fue la esbozada por su hermana, compañera de habitación. En esos momentos dijo: “Fue un duende que lo cargó un ratito y se olvidó de dejarlo en su sitio” rematando la frase con un rotundo “Ahora vuelvan todos a dormir” al tiempo que daba media vuelta y se volvía a acurrucar en el segundo piso de su litera.
Uncategorized postwriter1 on 14 Aug 2007
Las ventajas del pago a contado o mejor es a crédito
Las posibilidades de adquirir un lugar cómodo para vivir son numerosas. Sin embargo; muchas veces no se toman en cuenta algunos puntos que simplemente dejamos pasar por alto.
A tanto llega el tema que muchas veces, sin quererlo, se firman y hacen contratos sin tener muy en claro varios puntos. Por ejemplo: El pago de un inmueble.
Cuando tenemos el hogar deseado, en el sitio indicado, con todas las comodidades imaginadas, en resumen; cuando tenemos a disposición todo lo que queremos o, simplemente, en el peor de los casos, decidimos elegir un sitio porque ya nos cansamos de seguir buscando y no disponemos de más tiempo. Después de pasar por todas esas etapas, queremos acabar con la tortura de una vez por todas y aceptamos el departamento o casa que se asemeje a lo que imaginamos, sin tomar en cuenta algunos puntos claves.
Esto lo saben muy bien los vendedores y encargados de este tipo de negocios de venta y alquiler de inmuebles pues son tantos los puntos a favor, los que tiene el inmueble, que al final queda del lado uno de los más importantes; la forma de pago.
Es cierto, que algunas veces, la forma de pago se puede convertir en un argumento de venta a favor, pero casi siempre se busca ponerlo al final, cuando el cliente no tiene más opción, eso depende mucho del proceso y las etapas por las que haya pasado la transacción.
Sin embargo, la consulta sigue en pie: ¿Es mejor pagar el inmueble al contado o al crédito?
El hecho de pagar al contado tiene como principal objetivo, para la empresa;: “hacer caja”.
El objetivo es recuperar de forma inmediata el dinero invertido. Caso contrario, queda la opción del crédito, que busca, también, recuperar el dinero, en este caso, a largo plazo. La ganancia en este caso se da por los altos intereses que se pagan, casi siempre, mensualmente.
También se suelen dar descuentos especiales en caso existan adelantos al pago establecido. Pongamos un pequeño ejemplo: Imaginemos que adquirimos un departamento lujoso y acordamos pagarlo a 5 años con una cuota mensual acordada, en algunos casos mediante un crédito realizado con “x” banco.
Sin embargo, tenemos la ocasión de adelantar el pago, culminando el total en solo tres años. Este adelanto permite que las cuotas sean mejoradas, reduciendo el pago que se iba a realizar desde el principio.
El pago de un inmueble al contado depende de la liquidez que tengamos a disposición pues existen personas que solo podrían hacerlo a plazos tomando en cuenta las cuentas y pagos que tiene que cumplir regularmente. Agregar uno más podría generarles problemas financieros en caso no se haya programado de forma ordenada. De hecho, por esta razón es que existen los bancos o entidades financieras especializadas en brindar todo tipo de ofertas para realizar prestamos de dinero.
El caso en concreto es que va a salir mucho más barato si el pago se hace al contado. Dicen los especialistas en el rubro que la cantidad de dinero ahorrada oscila entre el 15 al 40 %, dependiendo del tipo de inmueble elegido.
Sin embargo no existe un estudio preciso sobre las ventajas de lo que significa pagar a créditos, tomando en cuenta los pagos cotidianos que realizamos.
Uncategorized Susan on 09 Aug 2007
PIEZA CLAVE DE LA CASA
Uno a veces no las valora en su real dimensión. Muchas veces ni siquiera las tomamos en cuenta a la hora de tomar ciertas decisiones que de algún modo las afectan. Sin embargo ellas son piezas fundamentales en el armazón representado por la organización y el orden al interior del inmobiliario. ¿Ya saben a quiénes me refiero? Una pista más: perciben un sueldo de nuestra parte. Así es, me estoy refiriendo a las trabajadoras del hogar. Esas personas, por lo general nobles y humildes, que con todo y su poca cultura se afanan en que nuestro inmueble se encuentre presentado impecablemente. Seguro se podrá argumentar que es un trabajo más, es cierto, se le paga por su trabajo, pero me resulta difícil creer que ellas, aunque sea muy en el fondo, no sientan una satisfacción personal por el resultado de su trabajo. A toda persona le gusta ser reconocida por su trabajo, es parte del ego de cada uno, algunos en mayor grado que otros pero es innegable. La persona que no sienta esto que levante la mano, es muy difícil encontrarlas, el eliminar completamente el ego es la meta última de muchas religiones de Oriente y no es tarea fácil eh, toma toda una vida.
Dicho esto hagamos un mea culpa y preguntémonos si realmente valoramos en su real dimensión a las trabajadoras del hogar. ¿No es verdad que en más de una ocasión nos alteramos más de lo debido al llamarles la atención? Reaccionamos desproporcionadamente cuando les detectamos una falla. No ponemos en una balanza toda la buena labor que ellas han realizado a lo largo del tiempo, cuando fallan no sirven para nada ¿Cierto? Sería conveniente que nos detuviésemos a pensar un momento que generalmente ellas no ostentan el mismo nivel cultural que sus patrones y por tanto su sistema de decodificación de mensajes no es tan exquisito como el de éstos. Es por esa razón que lo más conveniente es hacerles entender de la mejor manera el por qué queremos las cosas de tal o cual forma, hay que sensibilizarlas en cuanto a la funcionalidad de ciertas decisiones, que son para que todo marche mejor. Quizá ir un poco más allá y hacerlas participar en las decisiones con preguntas que estimulen su inteligencia y criterio, convencerlas de que sus opiniones son valiosas y necesarias para nosotros, invitarlas a que constantemente nos den sugerencias respecto a los movimientos en el interior del inmobiliario. Hacerles llegar claramente el mensaje de que ellas quedan al frente de la casa cuando nosotros no estamos y que deben aplicar su criterio de la mejor manera para mantener la dirección del hogar.
Nosotros valoramos en su real dimensión a la trabajadora del hogar cuando ésta no está. Ahí sí que la pasamos mal. Nos cuesta mantener el orden de las cosas, nos falta tiempo para limpiar todos los ambientes de la casa, muchas veces nos damos cuenta sorpresivamente que no conocemos la ubicación de nuestras cosas ya que siempre le pedimos a nuestra empleada que nos la alcance. Caemos en desesperación y rogamos para que nuestra pieza clave regrese pronto. Esto generalmente sucede cuando ellas salen de vacaciones, muy merecidas por cierto. No es fácil realizar a diario la labor que ellas hacen. Se levantan muy temprano, preparan nuestro desayuno, ayudan a nuestros hijos a alistarse para salir a la escuela, tienden las camas, asean los cuartos y los demás ambientes del inmobiliario, salen a comprar algunas cosas que falten para preparar el almuerzo y la cena del día, están pendientes que no falte papel higiénico en los baños, tienen que lavar la ropa, plancharla y acomodarla en los closets, lustrar zapatos, deben lavar los trastos después que los hemos usado. ¿No es poco menos que increíble? Todo esto en un solo día y siempre les queda tiempo para ver su telenovela favorita. A mi me tocó vivir la experiencia de quedarme sin empleada por espacio de un mes en que salió de vacaciones, casi enloquezco y les compartiré mis correteos en el siguiente post.
Uncategorized fairman on 02 Aug 2007
SI NO ES DUENDE QUE SERA
Si usted esta pensando comprar una casa o un chalet revise bien primero, tome toda clase de medidas. Si tiene hijos de menos de un año de edad piense bien en su seguridad. No estoy hablando de ladrones o secuestradores comunes. Estoy hablando de esos pequeños seres mitológicos (?) de los cuáles todos hemos oído hablar alguna vez a través de familiares o amigos. Así es, me estoy refiriendo a los Duendes. Justamente la etimología de la palabra Duende viene de la expresión “dueño de casa” ya que es conocido su predilección por adueñarse de los inmobiliarios. Estos seres elementales de la naturaleza que se dice son guardianes de los bosques y de sus habitantes. Las descripciones de estos seres son diversas pero la mayoría coinciden en que son de baja estatura, como la de un niño pequeño. También se dice que suelen ser peludos y que tienen garras, algunos son de narices grandes y otros de nariz pequeña. En cuanto a sus habilidades, se dice que son grandes conocedores de los misterios de las ciencias ocultas, expertos en magia y adivinación.
Mi madre me contó hace años una historia con lujo de detalles acerca de estos pequeñuelos. Ha pasado ya tiempo de esto pero su narración fue tan vívida y emotiva que ningún detalle se ha escapado de mi memoria, tengo su narración muy presente porque yo, sin saberlo en ese momento, fui el principal protagonista. Claro como iba yo a saberlo o mejor dicho a analizarlo si no tenía ni nueve meses de edad cuando sucedió lo que sucedió. Me imagino los minutos de terror que ella debe haber pasado en aquella fría noche de invierno de 1975.
Mi familia vive en una casa pequeña, en eso momento la familia contaba con nueve integrantes, incluyendo al recién llegado, o sea yo. En la habitación donde sucedieron los hechos, además de quien les narra, pernoctaban mi madre y su hermana. Ellas dormían en una litera mientras que yo lo hacía generalmente en mi cuna que se encontraba al costado de la litera de ambas. Sin embargo era una noche particularmente fría y mi madre decidió dormir conmigo al costado esa noche. La familia para esto estaba reunida en torno al televisor luego de una jornada laboral normal, veían el noticiero y comentaban las noticias como hasta ahora. Poco a poco los más dormilones o los que presentaban mayor cansancio iban “cayendo” y se retiraban a sus habitaciones despidiéndose hasta el día siguiente. Mi madre era una de las últimas que quedaba en pie además de mi abuela, definitivamente yo tenía algo que ver en eso, disfrutaban cargándome y haciéndome toda clase de mimos y arrumacos, era el “juguete nuevo”, recién llegadito de estreno, me cuentan que mis cachetes eran irresistible al igual que mis risas y morisquetas. Otra cosa que recuerdo con mucho cariño es lo que me contaron acerca de mis primeras palabras, no fueron mamá como puede pensarse, sino agua, seguro habría sido un beduino perdido en mi vida anterior.
Y así dieron cerca de las 12 de la noche cuando mi madre se despedía de mi abuela y se retiraba a su habitación conmigo en brazos dispuesta a descansar hasta el día siguiente, pero yo tenía otros planes…