Uncategorized Susan on 04 Jan 2008
Por suerte existen los apartamentos
Nos que sea un neurótico ni mucho menos, pero cuando la paciencia se acaba y la tolerancia es menor que lo que hay que tolerar, entonces, la idea de mudarse y preferir vivir aunque sea en una caja, suena racional. Todos hemos vivido en familia, casi todos, hemos tenido que pasar por los insufribles fines de semana, días en que toda la familia estaba en casa y había que combatir con cada uno de ellos, lidiar por el baño, por el lugar en la mesa, por la televisión, por el cordel para tender la ropa, por la lavadora para lavar la ropa antes, por los juguetes, por las escobas, por el mueble para llevar a la enamorada de turno, para todo.
Los días de semana la vida se llevaba mas tranquila, solo las mañanas eran todo un desquicio, en la hora del desayuno y en la disputa por la plancha y por la infaltable cola para ducha. La casa era grande, pero igual faltaba espacio para toda la familia. Cientos de veces ha pasado que llegaba de donde estaba presuroso para ver algún programa en la televisión y de repente alguien de la familia –amigos de alguno de ellos-, estaba viendo algún otro programa y la riña por poseer el control hacia que ambos bandos perdiéramos de vista nuestros ansiados programas.
La situación empeoraba cuando a la casa llegaba visita, siempre unos tíos o unos primos lejanos que se apoderaban de todo y congestionaban aún más el ya congestionado transito del hogar. Y lo pero de todo era que, por ser invitados de la casa, tenían la preferencia en todo y encima siempre mostrándole los dientes con una sonría, era como una burla a la guerra fría instalada en casa. El punto crítico llegaba cuando debíamos ceder nuestro propio dormitorio, nuestra propia cama a uno de los visitantes y arrastrando la colcha y la cólera, hundirnos en la profundidad de los sillones.
Ya sé que resulta patético acordarse de todo eso a estas alturas de la vida, pero la forma mas clara de fundamentar la suerte de vivir solo. Puede leerse absurdo, pero no siempre andar con tanta familia es una cuestión de alegría, la realidad golpea fuerte y la convivencia con cada uno ellos también pega.
Ahora vivo solo y tranquilo en un cómodo apartamento en Madrid, no tengo que hacer colas para la ducha, no tengo que esperara que desocupen algún asiento para ocupar un lugar en la mesa y no tengo que compartir la cama con nadie – amenos que sea una linda chica, claro-, ni mucho menos pelearme por el control de la televisión. Nada, aquí soy el rey absoluto de todo. Hago lo que quiero y cuando lo quiero hacer; eso sí, extraño a veces los momentos de familia, tengo en la memoria todas las discusiones como momentos anecdóticos e incluso graciosos. No puedo negar que a pesar de todo recuerdo esos tiempos como buenos tiempos, pero por ahora prefiero estar solo, prefiero sumergirme en el bullido familiar solamente los fines de semana, cuando visito a mis padres y junto a los hermanos, los tíos y las familias de cada uno de ellos, volvemos a pelearnos por el fastidiosos control remoto.
